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RESUMEN JORNADA "COMPARATIVA SOBRE EL IMPACTO DE BASILEA III Y TLAC (TOTAL LOSS-ABSORBING CAPACITY)"

01/10/2015

La crisis financiera que ha padecido el mundo, y con particular intensidad nuestro país, ha puesto de manifiesto la alta correlación existente entre el sector bancario y el mundo inmobiliario. Así, a medida que las entidades financieras iban agotando su capital fruto de las pérdidas en que incurrían,  han ido reconduciendo su actividad crediticia hacia aquellos sectores que, como el sector público, son menos intensivos en consumo de capital, reduciendo esta actividad crediticia en otros sectores cuyas operaciones de préstamo exigen un alto consumo de ese capital regulatorio. La naturaleza apalancada de nuestro negocio y la baja recurrencia de los flujos de caja son los motivos principales que colocan a nuestras empresas en este último grupo. A la vista de las consecuencias que ha tenido la crisis financiera en la solvencia de nuestro sector, desde ASPRIMA hemos considerado relevante sensibilizar a nuestros socios con aquellos aspectos de la regulación bancaria que pueden tener un impacto sobre la disponibilidad de financiación y su coste.

 

Con este propósito, el pasado 18 de septiembre tuvo lugar en la sede de ASPRIMA una jornada de trabajo  bajo el título “Comparativa sobre el impacto de BASILEA III y TLAC”. Tuvimos el  placer de contar como ponentes con Dª Itziar Sola y Dª María López, consultores de Analistas Financieros Internacionales, y con D Óscar Lahuerta, director de Regulación de CaixaBank para hablarnos de esta nueva regulación macroprudencial.  Como resumen de estas intervenciones destacaríamos que la nueva regulación tiene como objetivo dotar de mayor estabilidad y liquidez al  sistema financiero de manera que las entidades puedan ser capaces de enfrentar shocks inesperados con su propio balance y, en su defecto, el sistema cuente con mecanismos que permitan una recapitalización o liquidación de entidades que no requiera del auxilio de los contribuyentes. Estos son los tres pilares sobre los que se ha levantado la nueva normativa:

 

1.- Mejorar la solvencia, y por tanto la estabilidad del sistema financiero, a través de la solicitud de un mayor nivel  de capital y de una mayor calidad.  En cuanto la cantidad de capital que las entidades deben mantener ponderado por el riesgo que asumen (APR) se pasa de una exigencia del 8% contenida en la anterior normativa (Basilea II) a un mínimo del 10,5% que exige Basilea III. En lo referido a la calidad del mismo, se  pasa de exigir un capital ordinario del 2% a uno del 4,5%.  También se establece la necesidad de cubrir determinados colchones de conservación para llegar a un nivel del 7%. También en lo relativo a la calidad del capital, dejan de computar determinados instrumentos que demostraron durante la crisis su incapacidad de absorción de pérdidas, como las participaciones preferentes.

 

2.- Mejorar el perfil de liquidez de las Entidades. Para ello se establece la necesidad de contar con determinados instrumentos muy líquidos que cubran un coeficiente obligatorio (LCR) para hacer frente a eventuales crisis de liquidez que pudieran derivar en crisis de solvencia.  También se pretende reducir  la dependencia de la financiación a corto plazo estableciendo un coeficiente de financiación estable (NSFR), así como evitar un uso recurrente de la financiación procedente del BCE, que debe ser utilizada sólo con carácter de emergencia.

 

3.- Contar con planes de resolución bancaria (bail-in) que permitan afrontar escenarios de crisis sin la necesidad de utilizar recursos de los contribuyentes (bail-out).  Para ello se establecen planes de contingencia distinguiendo entre aquellas entidades de carácter sistémico de las que no lo son.  Se establece la necesidad de determinar qué pasivos se absorberán pérdidas en caso de que la entidad en crisis haya agotado todos sus instrumentos de capital (MREL y TLAC).

 

Es importante destacar que el capital solicitado es ponderado por el riesgo asumido por la entidad (APR).  La recurrencia y estabilidad de los flujos generados por el acreditado y el nivel de apalancamiento con el que opera son los dos aspectos centrales a tener en cuenta por los Bancos para determinar su calidad crediticia y, en consecuencia, el consumo de capital. En este aspecto nuestro sector puede ser considerado de alto riesgo y es de esperar que las entidades financieras sean más cautelosas cuando el  ciclo económico se desacelere y, por el contrario, sean más generosas en los momentos de aceleración, un comportamiento que tristemente hemos podido verificar en estos años de crisis.

 

Como conclusión diríamos que “más capital y de mayor calidad” hacen que el flujo de crédito destinado a las operaciones de promoción inmobiliaria adquieran un carácter más volátil y altamente dependiente del ciclo económico.